(Español) 

El Arte de Performance surge formalmente en el Ecuador a inicios de los años 90 como consecuencia de varios factores, entre ellos el estético, pues es una reacción contra la parsimonia de una crítica de arte mediocre y contra la prevalencia de una línea estética centrada en la Pintura. Este surgimiento toma forma cuando los artistas empiezan a incluir en su producción formatos, materiales y conceptos antes no valorados por el sistema institucional cultural. Un elemento esencial que empieza entonces a aparecer es el uso del cuerpo: objeto y sujeto fundamental del quehacer performático. Cabe mencionar la importancia de hechos históricos, religiosos, sociales y hasta políticos que se dan en el país y que también influyen en el surgimiento de esta forma expresiva, particularmente, en dicho momento de la historia del arte ecuatoriano. No es este surgimiento una importación del performance europeo o norteamericano, no se trata del surgimiento de una moda ni de una novedad superficial sino de un proceso estético propio y original, distante de las posturas eurocentristas que nos dicen que el arte es tal cuando se remite a los procesos históricos surgidos en los así denominados “centros culturales”.

 

A lo largo de poco más de 20 años, ni la crítica de arte, ni la academia en general, ni la institucionalidad cultural privada y estatal, han registrado de manera seria y extendida el hecho performático en el Ecuador. Es verdad, han habido atisbos de comentario que por allí o por allá han surgido. También alguna vez los medios de comunicación han registrado estos eventos, siendo que aunque durante los 90 sí hubo alguna cercanía periodística al respecto, en lo posterior y actualmente su enfoque está totalmente distanciado de la cualquier seriedad, caracterizándose por ser mera superficialidad y trivialidad. No refleja en absoluto, dicho enfoque, la realidad del Arte de Performance en el Ecuador, su trayecto, su historia, sus protagonistas, sus efectos en los diversos ámbitos de la cultura, la academia, las burocracias culturales y la política.

 

El opacamiento del performance como forma expresiva, es decir el dejar de lado, el desconocer, el no visibilizar a quienes hemos trabajado en este campo del arte a lo largo de los años, es algo que podemos ver en diversos hechos que se han ido dando en nuestro medio. Esto no es nuevo, viene ocurriendo desde hace largo tiempo y son muchos los responsables, quizás esto se deba a que en una sociedad hundida en el desencanto resulte “conveniente” para unos cuantos opacar a los artistas, pues estos son un síntoma de lo que ocurre en la sociedad, es decir son quienes muestran abiertamente las realidades más crudas de personas, instituciones, Estados y Gobiernos sin importar su ideología o accionar político.

En el Ecuador, los diversos gobiernos desde inicios de los años 90 han dejado de lado el tema “cultura” y se han centrado únicamente en lo político, en la posesión del poder y en la legitimación constante del stablishment. Por otro lado, el arte ha debido hacerse un camino propio en este camino tortuoso, siendo víctima del manejo mañoso de los burócratas de la cultura que a lo largo de años y años han pasado por ministerios e instituciones culturales de los más diversos tipos, deben incluirse aquí a periodistas que con una postura no neutral y con el fin de promover sus propias ideas han enfocado en sus propuestas una línea del arte institucional que poco o nada tiene que ver con el acontecer performático y experimental en el Ecuador.
Tal ha sido el contexto del arte experimental y del perfomance en el Ecuador. Peor aún, actualmente el gobierno del señor Rafael Correa ha pretendido manejar la cultura del país posicionando entre otros, a artistas de la música popular siendo que incluso desde la Asamblea Nacional se ha enviado felicitaciones para imitadores. En este sentido cabe recordar que las formas autoritarias de gobierno usan a los artistas y formas de arte muy específicas como el cine y la música con el fin de lograr mayor impacto mediático y acercamiento social. Por otro lado Correa ha vuelto a posicionar en el medio cultural a artistas muertos como ha sido el caso de Oswaldo Guayasamín. Esto implica un retroceso brutal en el arte respecto de todo lo que ha venido courriendo en estos años.
Por otro lado, Rafael Correa ha pretendido controlar la producción cultural posesionando en altos cargos a personajes que poco o nada conocen de la realidad de la producción cultural y particularmente del arte del performance y experimental en nuestro medio. Claro ejemplo de ello fue el caso del belicoso “Paco” Velasco. Además ha querido imponer la falsa premisa de que si el Estado (hoy por hoy el Gobierno) se hace cargo de la cultura, esta va a encaminarse por los rumbos “correctos”. Esto es burlarse de los artistas y también del ciudadano que desconoce lo que ocurre en el ámbito del arte ecuatoriano en donde la mediocridad institucional, el compadrazgo y la asfixiante burocracia rigen a las entidades culturales públicas. Esto no es ajeno a lo que ocurre en otros países latinoamericanos en donde también el arte es manejado de manera “conveniente” por los burócratas de turno, a la vista y paciencia de todos.

 

Este MANIFIESTO es un documento que busca hacer saber nuestra postura respecto de las instituciones culturales y la mercantilización del arte que ocurre principalmente en los grandes centros artísticos y que se ha ido replicando en los círculos del arte en Latinoamérica y por consecuencia en el Ecuador. Resulta preocupante este fenómeno y es por ello que hago plausible mi protesta contra todo intento de apropiación del discurso performance que podría conducir al eclipsamiento, encapsulación o desaparición de esta forma expresiva y principalmente, de su capacidad crítica.

 

Si bien en el mundo han surgido artistas que han sido aceptados por la institucionalidad cultural de los así llamados “centros culturales”, debemos decir y afirmar que el Arte de Performance no es una tendencia transitoria (tal como se pretende insinuar), no es charlatanería (tal como se pretende mostrar), y tampoco es hacer cualquier cosa (tal como se intenta sugerir). El Arte de Performance no es simple improvisación. Y, aunque existen hoy artistas del performance inmersos en la institucionalidad cultural (industria cultural) o que han manejado su reconocimiento en el entorno institucional ya sea total o parcialmente y no fuera de él, es un hecho incontrastable que esta forma expresiva es anti institucional y por lo tanto es una forma expresiva alejada de la burocracia cultural y de toda manipulación mediática, ideológica, económica y política.

 

Las viejas estructuras del poder en el arte se están desmoronando no solamente en el Ecuador sino en el mundo, pero han ido surgiendo nuevas estructuras que tienen como finalidad dar una matriz actualizada a dicha vieja institucionalidad cultural. Quieren para ello reinstalar en el arte formas “renovadas” de crítica y de manipulación del objeto artístico (lo denominado “conceptual” o “contemporáneo”) e incluso del artista mismo, por ejemplo trabajando sobre su imagen, transformándolo en un mero producto de intercambio comercial. Y si bien puede ser necesario que el arte se venda, el arte de performance al ser una forma de arte no institucional no puede enmarcarse en el infernal círculo de la demanda capitalista y por lo tanto no puede ser parte del engranaje comercial que a tal sistema va encadenado. No es por ello y sin embargo el performance, una ideología de corte socialista que propugne el igualitarismo y las actitudes paternalistas del Estado, tal como se pretende hacer hoy en algunos países latinoamericanos en donde se promueve a instituciones caducas y se las pone como “ejemplos” de desempeño en el manejo del arte y de la cultura como un todo.

En el Ecuador las formas tradicionales del arte institucional siguen manteniendo su vigencia, pero sobreviven fundamentalmente porque son dependientes del sistema de intercambio institucional basado en un código lingüístico creado para promoverlas, valorarlas, sostenerlas y difundirlas mediante concursos, salones de arte, bienales, encuentros, talleres, publicaciones y muchas otras herramientas típicas del aparataje especulativo-cultural que a su vez excluye lo no institucional.

 

La lucha del performance como forma de arte, en contra del cretinismo intelectualoide característico de las burocracias tradicionales, en contra de esta nueva institucionalidad y de la burocracia institucional cultural, es una forma de reacción de quienes hemos decidido enfrentar al enemigo del burocratismo cultural, el patrioterismo bolivarianista, el neo socialismo, el capitalismo salvaje y en fin, toda forma de poder ideológico y político cuyo objetivo sea la apropiación del discurso performance o del discurso artístico con fines especulativos (especulación comercial, especulación ideológica, especulación política, especulación filosófica, especulación estética).
Es un hecho que una actitud dogmática de la cultura ha sido aceptada así sin más por un importante grupo de artistas latinoamericanos y ecuatorianos, pues se ha dado un gran empuje al desarrollo de una disposición sectaria de la cultura que ha arrastrado consigo la aceptación bautismal de las supuestas particularidades del izquierdismo socialdemócrata y de un nacionalismo caudillista (mal llamado “socialismo del siglo 21”).

Un arte que se conforma con estos exabruptos y que además auspicia subrepticiamente el control mediático que un individuo desde el poder político puede ejercer sobre otros así como sobre la misma cultura, es un arte lisiado. Y son lisiados quienes lo hacen posible, quienes utilizando la falsa posición de un supuesto saber no hacen sino olvidarse de que aún cuando puedan parecer verdaderos, los dogmatismos, el nacionalismo y las posturas pseudo socialistas son tan ficticios como las mal llamadas "vanguardias latinoamericanas".

 

El Arte de Performance en Latinoamérica tiene varias fuentes, no siempre estas se hallan encadenadas entre sí, pero eso no hace imposible poder trazar un hilo conductor del performance en este lugar del mundo. Eso sí, existe una línea de quienes prefieren asociarlo a las vanguardias europeas dejando de lado el origen propio del performance en Latinoamérica, al ser este un sistema de códigos irremediablemente enlazado a las tradiciones mestizas, indígenas, religiosas, ritualísticas, mágicas entre otras, que poco o nada tienen que ver con las vanguardias europeas que algunos gustan citar (entre estos muchos artistas de izquierda). Este MANIFIESTO quiere entonces convocar también a todos quienes creen en la independencia del arte en general y del arte de performance en particular como medio de acción para sacar a flote las fallas del sistema cultural institucional actual y del sistema ideológico y político que a este va ligado hoy, tanto en Latinoamérica como en el mundo. Recordemos que en Estados Unidos que funge como la tierra de la libertad artística, existe también un fuerte sesgo institucional direccionado a controlar la producción artística y en particular la producción en el campo del arte de performance. Lo ocurrido con Abramovic o Laurie Anderson son claros ejemplo de ello.

 

Vivimos tiempos difíciles, tiempos en los que la propaganda, el uso indiscriminado de los medios de comunicación por parte de ciertos grupos en el poder político, ejerce una influencia radical y en muchos casos brutal sobre los individuos. El arte en general y el arte de performance en particular están siendo afectados por este influjo y es por ello que es justamente desde el arte en general y desde el arte de performance en particular que podemos sacar a la luz estos abusos, exponerlos y de ser posible destruirlos con el trazo intelectual y creativo de todo artista que se vea consciente de los hechos contemporáneos y de los verdaderos alcances del arte como tal hoy en día.

Las posibilidades son infinitas así como infinitos son los recursos a usarse, para ello es necesario que exista una consciencia del artista que le permita expandir su discurso hacia fuera, dejando de lado el egotismo de todo aquel que prefiere vivir en su pequeño mundo en cuanto en el exterior las cosas siguen ocurriendo y llegando a su irremediable fin. Por supuesto, habrá quienes se opongan a este MANIFIESTO y es posible que lo consideren trágicamente “vanguardista”, pero estarán equivocados, pues en los momentos actuales es necesario tomar una posición clara y directa respecto del acontecer cultural, político e ideológico en el Ecuador, en Latinoamérica y en el mundo. De no hacerlo seremos cómplices de aquello que no pudimos evitar.

 

Un fantasma recorre Latinoamérica: el fantasma del arte de performance. Todas las instituciones se han visto en la necesidad de enfrentarlo, de delimitarlo y de absorberlo. Pero este espectro es más poderoso que cualquier institucionalidad, porque existe no en base a lo que las burocracias culturales han construido o intentado construir, porque es en esencia lo que toda sociedad enferma no quiere ver: su verdad.
 

(English)

Performance Art arises formally in Ecuador in the early 90's as a consequence of several factors, between them the aesthetic, it is a reaction against the parsimony of a critic of mediocre art and against the prevalence of an aesthetic line centered in painting. This rise takes shape when artists start to include in their production formats, materials and concepts not valued before by the cultural institutional system. An essential element that starts to be used is the use of the body: object and subject fundamental to the performative job. It will be mentioned the importance of historical, religious, social, and even political facts that take place in the country and that also influence the rise of this expressive form, particularly, in said point in the history of Ecuadorian art. This rise is not an importation of European or North American performance, it is not about the arousal of a trend nor of a superficial novelty but instead an aesthetic process personal and original, distant from Eurocentric postures that tell us that art is such when it is referred to the historic process´ originated in the so called “cultural centers”.

 

Throughout a little over 20 years, nor critics of art, nor the academy in general, or the cultural institutionality private or state, have registered in a serious and extended manner the performative fact in Ecuador. It is true, there have been glimpses of comments that have sprang here and there. Also at some point the media have registers these events, being that during the 90´s there was some journalistic proximity, in the subsequent and at present its focus is totally distanced from any seriousness, characterizing itself by being a mere superficiality and triviality. Said focus does not reflect at all the reality of the Art of Performance in Ecuador; its trajectory, its history, its protagonists, its effects in differing areas of culture, the academy, the cultural bureaucracies and the politics.


The fogginess of performance as an expressive form, that is to say the leaving aside, the not knowing, the not visualizing who we have worked in this field of art throughout the years, it is something we can see in diverse acts that have been given in our surrounding. This is not new, it has been happening for a long time and there are many responsible, maybe this is due to the fact that in a society buried in disenchantment it is “convenient” for some to overshadow artists as these are a symptom of what occurs in society, that is to say they are the ones who show openly the crude realities of people, institutions, States and Governments regardless of their ideology or political action.
In Ecuador, the diverse governments from the beginning of the 90´s have left aside the subject “culture” and have centered themselves uniquely in the political, in the possession of power and in the constant legitimation of the establishment. On the other hand, art has had to make its own way in this winding road, being a victim of the slick management of the bureaucrats of culture that along the years and years have passes by ministries and cultural institutions of the most varied kind, journalists must be included here, that not with a neutral position and with the purpose of promoting their own ideas have focused their proposals in a line of institutional art that has little or nothing to do with the performative and experimental happening in Ecuador.
Such has been the context of experimental art and performance in Ecuador. Even worse, currently the government of Mr. Rafael Correa has pretended to manage the culture of the country positioning among others, pop music artists being that even during the National Assembly congratulations were sent for imitators. In this sense it is fit to remember that the authoritarian forms of government use artists and forms of art very specific like cinema and music with the goal of achieving major media impact and social approach. Additionally, Correa has again positioned in the cultural environment dead artists like it has been with the case of Oswaldo Guayasamín. This implies a brutal setback in art regarding everything that had been occurring in these years.
Furthermore, Rafael Correa has pretended to control cultural production positioning in high ranks people that know little or nothing of the cultural production and particularly of performance and experimental art in our environment. A clear example of this was the bellicose case of “Paco” Velasco. In addition he has wanted to impose the false premise that if the State (for today the Government) is in charge of culture, the mentioned will head in the “right” direction. This is mocking the artists and also the citizen that is ignorant to what happens in the scope of Ecuadorian art where institutional mediocrity, cronyism, and the suffocating bureaucracy govern the public cultural entities. This is not foreign to what happens in other Latin American countries where art is also handled “conveniently” by bureaucrats in power, at the sight and patience of everyone.

 

This MANIFEST is a document that seeks to make known our posture in regard of the cultural institutions and the commodification of art that occurs mainly in the great artistic centers and that has been replicating in the circles of art in Latin America and by consequence in Ecuador. This phenomenon is worrying and it is because of this that I make my protest plausible against ant attempt of appropriation of the performance speech that could lead to eclipse, encapsulation o disappearance of this form of expression and mainly of its critical capacity.


Although in the world there have emerged artists that have been accepted by the cultural institutionalism of the so called “cultural centers”, we must say and affirm that the Art of Performance is not a transitory tendency (as it is implied), it is not quackery (as it is shown), and it is also not doing anything (as it is suggested). The Art of Performance is not simple improvisation. And, even though today there are artists of performance immersed in cultural institutionality (cultural industry) or that have handled their recognition in the institutional environment either totally or partially and not outside of it. It is an uncontrastable fact that this form of expression in anti-institutional and therefore it is a form of expression detached from cultural bureaucracy and all media, ideological, economical, and political manipulation.

 

The old structures of power in art are crumbling not only in Ecuador but in the world; however, new structures have surged that have a purpose to give an updated matrix to the mentioned old cultural institutionality. For this they want to reinstall in art “renovated” forms of critic and of manipulation to the artistic object (the designated “conceptual” or “contemporary”) and even of the artist himself, for example working on his image, transforming him in a mere product of commercial exchange. And though it can be necessary that art sells, the art of performance as it is a non-institutionalized form of art cannot be framed in the infernal circle of the capitalistic demand and therefore cannot be part of the commercial gear that chains such system. It is not because of it and nonetheless, performance, an ideology of socialistic cut that advocates egalitarianism and the paternal attitudes of the State, such as is pretended to do today in some Latin American countries where deciduous institutions are promoted and are put as “examples” of achievement in the management of art and culture as a whole.
In Ecuador the traditional forms of institutional art maintain their validity, but survive fundamentally because they depend of the system of institutional exchange based on a linguistic code created to promote them, value them, sustain them, and diffuse them by means of competitions, art salons, biennials, gatherings, workshops, releases, and many other tools typical of the cultural speculative embellishment which in turn excludes the non-institutional.


The fight of performance as a form of art, against the cretinous pseud characteristic of the traditional bureaucracies, against this new institutionality and of the cultural institutional bureaucracy. It is a way of reaction of those of us who have chosen to confront the enemy of the cultural bureaucratism, the bolivarian jingoism, the neo socialism, the savage capitalism and finally, all forms of ideological and political power whose objective be the appropriation of the performance speech or of the artistic speech with speculative goals (commercial speculation, ideological speculation, political speculation, philosophical speculation, aesthetic speculation).
It is a fact that a dogmatic attitude of culture has been accepted just like that by an important group of Latin American and Ecuadorian artists, a great push has been given to the development of a sectarian disposition to culture that has dragged with it the baptismal acceptance of the supposed particularities of the social democratic leftism and of an autocratic nationalism (misnamed “socialism of the 21st century).
An art that complies with this rants and that additionally sponsors surreptitiously the media control that an individual from political power can have on others as well as on the same culture, is a crippled art. And crippled are those who make it possible, those who using a false position of an alleged knowing don´t do more but forget that even when they might seem true, the dogmatisms, the nationalism, and the pseudo socialists are as fake as the so called “Latin American vanguards”.


Performance Art in Latin America has several sources, these do not always find themselves tangled together, but that does not make it impossible to trace a leading thread of performance in this place of the world. Yes, there is a line of those who prefer to associate it to European vanguardism leaving aside the true origin of performance in Latin America, to be this a system of irrevocably bound codes to half-bread traditions, indigenous, religious, ritualistic, and magical among others, that little or nothing have to do with the European vanguardism that some like to quote (amongst these a lot of artists from left). This MANIFEST then wants to call also all those who believe in the independence of art in general and of the art of performance in particular as a means of action to bring afloat the faults of the former cultural institutional system and of the ideological and political system that to this it is linked today, as much in Latin America as in the world. Let us remember that in the United States that acts as the planet of artistic liberty, a strong institutional bias also exists directed to controlling artistic production and in particular production in the field of performance. The occurred with Abramovic or Laurie Anderson are clear examples of this.


We live hard times, times were propaganda, the indiscriminate use of the means of communication by certain groups in political power, exercises a radical influence and in a lot of brutal cases about the individuals. Art in general and the art of performance in particular are being affected by this force and it is because of this that art in general and from the art of performance in particular that we can bring to light these abuses, expose them and if possible destroy them with the intellectual and artistic trace of every artist that displays consciousness to the contemporary facts and of the true achievements of art as such today.
The possibilities are infinite just like infinite are the resources to use, for this it is necessary that a conscience of the artist exists that allows him to expand his speech outside, leaving aside egotism of all those who prefer to live in their own small world while in the exterior things continue to happen and getting to their irremediable end. Of course, there will be those who oppose to this MANIFEST and it is possible that they find it tragically “vanguardist”, but they will be wrong, since in the current moments it is necessary to take a clear and direct position in regards to the cultural, political, and ideological befall in Ecuador, in Latin America, and in the world. To avoid this would makes us accomplices of that which we could not evade.


A ghost roams Latin America: the ghost of the art of performance. All institutions have seen themselves in the need to confront it, to delimit it, and to absorb it. However, this spectrum is much more powerful that any institutionality, because it does not exist based on what the cultural bureaucracies have built or tried to build, because it is in essence what every ill society does not want to see: it´s truth.